Blog — 29 septiembre 2017
“If you are going to San Francisco…”

San Francisco era mi sueño desde que tengo uso de razón. Recuerdo haber llorado de emoción el día en el que supe que me habían otorgado la beca.

Dejé mi trabajo estable, familia, pareja y amigos y me vine a la ciudad del famoso Summer of Love. Y ahora, tras más de 2 meses aquí, sigue sin pasar un día en el que no vea algo nuevo y sorprendente en esta ciudad tan viva. La mezcla de culturas y gente es tan impactante que a veces es difícil sentirse extranjero en un lugar donde un porcentaje muy elevado de la población no es originariamente de la ciudad o ni siquiera del país. Pero no os voy a engañar, la integración también me resultó muy dura a pesar de haber vivido ya fuera de casa durante un tiempo.

Tras gestionar la parte burocrática (sin duda la más pesada de todas a pesar de la sorprendente rapidez en la obtención del visada por parte de la Embajada de Estados Unidos) para vivir mi sueño americano trabajando como profesora de español y, todo hay que decirlo, perder mis maletas en el vuelo de ida -¡menudo comienzo!-, me encontré con una situación muy diferente a la que me había imaginado: oficinas compartidas donde cada uno se lleva/monta su oficina y ordenador al trabajo, compañeros de trabajo autónomos que solo te cruzas cuando tienen clases, un grado de independencia muy alto tanto en las tareas administrativas y clases del día a día como en todo el proceso de aprendizaje, un nivel de vida carísimo -San Francisco es una de las ciudades más caras de EE.UU-, etc.

Me costó bastante acostumbrarme a esta imagen americana tan distinta a la que mi cabeza con mentalidad española se había creado. Soy consciente de que me he convertido en “la chica del tupper” -¡y a mucha honra!- que come a las 2 de la tarde  (la mayoría de los trabajadores salen a comer a eso de las 12 del mediodía en alguno de los miles de restaurantes y bares que llenan el distrito financiero de la ciudad), fiel a la rutina ahorradora que tanto nos caracteriza.

Ahora ya me he hecho a la vida y rutina del país, así como al día a día en el trabajo, y puedo afirmar que, si volviera al pasado y tuviera que escoger otra vez, volvería a lanzarme a la piscina. Simplemente porque la auntenticidad de ciudad y su gente lo valen -de acuerdo, el clima cambiante dentro de la misma ciudad y la permanente niebla quizás tiran un poco para atrás, pero aún así no es fácil que una ciudad consiga ganarse tu corazón cada día desde que pusiste un pie en ella.

Así que, chicos, tal y como tan bien decía Scott McKenzie en su canción más memorable: “if you are going to San Francisco, be sure to wear some flowers in your hair; if you’re going to San Francisco you’re gonna meet some gentle people there”. Oh yes, you will!

A.B.

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