Blog — 01 Septiembre 2017
Entre libros y reliquias…

Nunca es fácil abandonar tu hogar, pero merece la pena correr el riesgo de vivir nuevas aventuras. Tachando días en el calendario terminaban las Navidades, febrero estaba a la vuelta de la esquina.

Siempre que oímos hablar de Grecia nos imaginamos el paraíso con playas de aguas cristalinas, sol y fiesta, pero Grecia también es Historia, es invierno con fuertes tormentas y humedad, es naturaleza.Ioannina era mi destino, una pequeña ciudad con aires turcos, rodeada de montañas y bañada por un lago, un lugar de ensueño.

Los primeros días se hicieron cuesta arriba, encontrar casa no fue nada fácil, pues aquí la mayoría de los pisos que se alquilan están sin amueblar. La búsqueda no duró demasiado, en menos de una semana ya me había mudado, y los caseros eran bellísimas personas, amables y pendientes de todo.

Estos meses trabajando en la biblioteca de la universidad me han ayudado a dejar a un lado los miedos y pudores, a mejorar el idioma, a ver realmente el trabajo diario que hay en una biblioteca, pues no se trata simplemente de prestar libros y colocarlos de nuevo en sus correspondientes estanterías… Me han brindado la oportunidad de realizar diversas tareas, de trabajar en equipo y de adquirir nuevos conocimientos. El ambiente laboral es inmejorable, siempre dispuestos a ayudar, atentos y hospitalarios.

Ioannina es una ciudad con encanto, llena de vida y la cual puedes recorrer andando a cualquier hora. Nunca falta un buen frappécon largas horas de conversación, o un tsipouradiko en el que poder cenar. El mayor tesoro, aparte de su historia y grandes vestigios arqueológicos, es su gente… personas que siempre están dispuestas a echarte una mano, generosas y con un corazón enorme. Compañeros que se vuelven amigos, y amigos que se convierten en familia.

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