Blog — 10 agosto 2018
საქართველო, დიდი მადლობა! En busca del vellocino de oro

No se me ocurre mejor destino para el programa ARGO que aquel al que se dirigió Jasón en busca del vellocino dorado. De costas bañadas por el Mar Negro, desconocido por muchos y descubierto por pocos: Georgia (la europea, como he tenido que repetir innumerables veces, si bien vivir aquí te enseña a entender perfectamente el concepto de Eurasia).
Hemos sido y seremos muchos los argonautas, jóvenes españoles, que zarpamos al mar hacia tierras lejanas en busca de nuestro sueño, trabajar en lo que queremos, y gracias a ARGO estoy más cerca de conseguirlo.
Escribo desde Tbilisi, la capital de este pequeño país de grandes gentes, un país con tanta historia como juventud (acaba de celebrar su centenario como república). Y sobre juventud va mi estancia aquí, gente tan joven que aún no han nacido, los futuros niños y niñas que nacerán gracias a técnicas de reproducción asistida.
Estoy trabajando en el laboratorio de andrología, seguramente de la clínica con mayor número de ciclos del país, y por mis manos han pasado los gametos que en muy pocos meses se convertirán en incontables Giorgi, Davit, Nino, Tamar… así que mi experiencia está siendo increíble.
Lo que más destaca de Georgia es su seguridad, hay callejones y pasos subterráneos a los que sólo me atrevería a entrar en una noche georgiana. El segundo puesto de honor se lo lleva sin duda su gastronomía. Si te gusta el khachapuri, lobiani, lobio, kharcho y las ensaladas de pepino y tomate, te ganarás el respeto en cualquier casa, siempre y cuando resistas el omnipresente sabor a cilantro y el ritmo de un brindis por minuto con ღვინი (vino) a cargo del Tamada (maestro de brindis).
Me entran ganas de escribir diez páginas sobre trenes desesperadamente lentos, viajes de minibus como sardinas en lata, conductores que ganarían el mundial de F1 con una mano al móvil, la otra al cigarrillo y uno preguntándose por qué ningún coche tiene cinturón de seguridad, volantes a la derecha conduciendo por la derecha, metros ensordecedores, cenas de restaurante que son balas de ruleta rusa apuntando a tu microbiota… pero entonces necesitaría veinte páginas más para hablar de la familiaridad de la gente, de su generosidad y honradez, de escapadas de fin de semana, montañas y paisajes increíbles, pueblos de altura, ciudades cueva, iglesias milenarias, bailes folklóricos, música, un abecedario único…
En definitiva, el programa me ha brindado la oportunidad de hacer algo que siempre había querido: salir fuera, aprender y trabajar en una cultura tan parecida como distinta a la mía. De mi experiencia laboral lo saco todo, cada segundo ha sido una enseñanza productiva para lo que espero poder seguir haciendo en el futuro, desarrollando una carrera en el mundo de la reproducción asistida. De la experiencia cultural puedo asegurar que Georgia, con sus contrastes, es una mina de oro. Al final va a ser verdad que he encontrado el vellocino de oro, en la Cólquida de Jasón, entre los valles de Svaneti rumbo a Ushguli.
Brindo por el programa ARGO y los que lo han hecho posible, por todos los que han podido disfrutarlo, por la empresa que me ha acogido y por la juventud que nos ha tocado vivir, que no es fácil pero tampoco aburrida. გაუმარჯოს!
A.V.

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